Este umbral, esta puerta, es la que he querido sugerir con esta escultura que tienes en tus manos: de un lado, conocer, recordar, lo que ya ha pasado y que es definitivamente pasado y por otro, querer forzar la vista, la imaginación y la creatividad para descubrir e ir haciendo futuro.
En esta “puerta” nos encontramos.
¿O esa puerta somos?
La escultura quiere sugerir más esta segunda posibilidad. La puerta, no como algo externo por la que nos asomamos y miramos sino como una realidad y actitud personal, interior. El círculo, símbolo o sugerencia de la persona, de su totalidad, rasgado, abierto, ofreciendo la posibilidad de entrar en él, de mirar a través de él y de atravesarlo.
Invitación y reto para nosotros: abrir “nuestra puerta”, vivir en actitud abierta, dejar que las personas y los acontecimientos entren en nosotros y nos conmuevan.
Nuestra misión de educadores tiene mucho que ver con esta actitud de acogida, de compartir lo mejor de nosotros mismos y de hacerlo gratuitamente, sin retener a nadie, dejando que cada una de las personas con las que trabajamos y vivimos, pasen a través nuestro, descubran su camino y traten de seguirlo.