Esta escultura está formada por dos formas, distintas pero en relación, que definen un espacio común. Una de ellas más alta, más estática, la otra más dinámica, como buscando a la primera. Quizá una imagen que nos habla de una forma de vivir: en actitud de acogida, de dejarse conmover, querer, por los demás y a la vez de interés, de solicitud activa para construir un espacio común, compartido.
A esto nos invita también nuestro último Capítulo y nos dice que es “nuestro principal testimonio: ser testigos y constructores del encuentro, casa que crea vínculos y ofrece sentido”.