El punto de partida de esta escultura me lo sugirió una foto que saqué en las rocas del Jaizkibel.
Una roca con un agujero que parecía mirar al cielo. Un vacío cargado de significado.
A partir de esa imagen empecé a definir lo que quería hacer.
A las series de esculturas que hago, a pesar de ser abstractas y más o menos geométricas, siempre quiero darles un significado que tenga que ver con la persona.
En este caso contiene como tres elementos: una forma que es como el cuerpo de la escultura, su materia. En segundo lugar un hueco en la parte superior que, aunque incompleto, nos recuerda el círculo. Y una abertura que parte de la base y se orienta hacia el círculo.
La pieza nos puede sugerir cosas diversas pero, al hacerla así, yo he querido expresar la realidad de la persona: el cuerpo de la escultura se acerca a la forma de un rectángulo pero es una forma alabeada y sin límites rígidos y por ello puede dar una sensación dinámica.
El círculo, en la simbología clásica, expresa lo espiritual, la trascendencia, Dios…
La abertura interna de la forma que parte de la base y se orienta hacia el círculo puede expresar el deseo, el ansia, la necesidad de encontrar un sentido a nuestra vida, la sed de trascendencia, de Dios…
Al escribir este comentario y contemplando esa forma abierta y que tiende hacia ese espacio vacío que se abre al exterior o que penetra en la pieza, símbolo de alguna forma de tu vida, resuenan en mí las palabras del Salmo: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío”.