El nombre que le he puesto a esta obra hace referencia a un pasaje del Éxodo (Ex. 33, 7 – 11) en el que se habla de la tienda a la que acudía Moisés y el pueblo para encontrarse con Dios.
“Moisés levantó la Tienda y la plantó a cierta distancia fuera del campamento; la llamó “Tienda del Encuentro”. El que tenía que consultar al Señor, salía hacia la Tienda del Encuentro. Cuando Moisés salía hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda. Al entrar, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta, mientras el Señor hablaba con Moisés.
El pueblo, al ver la columna de nube a la puerta de la Tienda, se prosternaba junto a la puerta de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Después él volvía al campamento, mientras que Josué, su joven ayudante, no se apartaba de la Tienda”
Levantada fuera del campamento, espacio limitado, vacío y cargado de significado, espacio de silencio y de comunicación…
Espacio limitado pero no cerrado, que penetra y vuelve a salir resbalando por las superficies…
Y lugar de encuentro con Dios y de reunión del pueblo sintiéndose cercanos y unidos… Lugar donde no hay dos orillas, dos aceras enfrentadas, distantes… sino espacio único, inseparable, sin cara y cruz, ni encima – debajo o delante – detrás…
No se trata de explicar, de describir “lo que quiere decir”. Esta obra trata simplemente de sugerir.
Si consigo que esta obra sea capaz de hacer un guiño al que la mira y ayudarle a entrar en el mundo de las sugerencias, me quedaría contento.