El título de la escultura es “Otoitza”, “Plegaria”.
Si hacemos caso a lo que nos dice La Salle, este es “el primero y principal de nuestros ejercicios diarios y el que mejor puede atraer la bendición de Dios sobre todos los demás”.
Para nuestro fundador, la oración no consiste en entrar en nuestra torre de marfil sino que tiene una doble dirección: entrar por un lado dentro de uno mismo y desde allí ponernos en presencia, en relación con Dios y tratar a la vez de encontrar su voluntad en nuestra vida.
La escultura está compuesta por dos formas verticales que tratan de ser elementos dinámicos; de ahí su movimiento de torsión, de giro. A Dios le encontramos en el camino.
A la vez ambas formas crean un espacio interior: ¿manos en actitud orante?.- ¿espacio de silencio que invita a la plegaria?
Pero no es un espacio cerrado pues, a la vez, ese espacio interior se abre conforme se va elevando definiendo así un espacio ambivalente.